“Si desea un país diferente, las elecciones sobran” Ligia Tavera Fenollosa

boicot elecciones

En los meses anteriores a las elecciones intermedias del 5 de julio de 2009 emergió con fuerza en el país un movimiento por la anulación del voto. Seis años después el movimiento vuelve a manifestarse, pero esta vez no está solo, comparte el espacio público con otro movimiento que llama a boicotear las elecciones. En este texto se presenta un análisis comparado de dichos movimientos, pero no se argumenta en torno al debate sobre la conveniencia de no votar, de anular el voto, o de votar por algún candidato. En cambio, lo que se plantea además del análisis comparado, es una breve reflexión en torno al boicot como instrumento de protesta. Se concluye que a diferencia del 2009, la protesta ha desbordado los ámbitos político-electorales y se ha radicalizado.

En el 2009, el llamado a la anulación del voto surge inicialmente de entre las filas de empresarios-políticos, ex-panistas, ex-colaboradores del ex presidente Vicente Fox, académicos y ciudadanos.  En marzo, Gabriel Hinojosa Rivero,  empresario-político de filiación panista, primo hermano del ex Presidente Felipe Calderón, propietario de una empresa dedicada a las nuevas tecnologías (TICs) y ex presidente municipal de Puebla lanza, en esta entidad,  la campaña “Tache a Todos” (tacheatodos.blogspot.com).  A esta campaña se suma poco tiempo después  “Votar en blanco”, promovida por Luis Alberto Bolaños, colaborador cercano y ex coordinador de Internet de los Pinos, en el gobierno de Fox.

En pocos días el movimiento, surgido inicialmente desde trincheras cercanas al poder político y en Internet, se extiende por este mismo medio a través de Facebook, Hi5, Myspace o Twitter, de blogspots y de  páginas electrónicas y se amplía la convocatoria desde el ámbito social. Se suma al movimiento la organización civil “Para políticos nulos, votos nulo” y un grupo de jóvenes autodeclarados “apartidistas” y “no empresarios” crean el blogspot yovotoporquienquiera.blogspot.com  en el que llaman a votar por algún ídolo, artista o escritor favorito muerto y a que “a partir del pretexto del voto nulo” los ciudadanos se conozcan, se reúnan, debatan y se organicen. En Facebook, Eduardo Castañeda de Guadalajara crea  el grupo Abstención/Voto Nulo mientras que a título individual, Germán Petersen, estudiante del ITESO y ganador del primer lugar del Certamen de Ensayo Político 2007 de Instituto Mexicano de la Juventud, invita en su blogspot  a debatir sobre la conveniencia de anular el voto.

Reconocidos politólogos como José Antonio Crespo, Denise Dresser y Sergio Aguayo se pronuncian públicamente a favor de acudir a las urnas y emitir deliberadamente un voto nulo.

Los medios impresos dan visibilidad al movimiento anulista. El semanario Proceso titula el número 1700 del 31 de mayo “La otra campaña” y exhibe en su portada una boleta electoral anulada. Por su parte,  el diario El Universal, dedica la primera plana de su edición del viernes 5 de junio al tema, con el encabezado, “La clase política, contra voto nulo” y anuncia la organización por parte del IFE de un debate público sobre el tema.  Dos días después,  el periódico Reforma publica  el número 791 del suplemento dominical Enfoque con artículos de fondo y entrevistas a académicos, funcionarios, ex funcionarios electorales y especialistas en materia electoral quienes debaten en torno a la conveniencia o no de que los ciudadanos anulen su voto.[1]

Uno de los argumentos recurrentes a favor de la anulación del voto se expresa con claridad en la propuesta del colectivo Mexicanos al Grito de Guerra integrado por jóvenes grafitteros, artistas, y diseñadores y del Grupo de Acción Revolucionaria quienes proponían en www.grupodeaccionrevolucionaria.cjb.net adjuntar a la boleta electoral una copia de una carta  dirigida a los “Representantes de los partidos políticos mexicanos y/o a quienes corresponda” en la que se leía:

Me presento el día de hoy a hacer valer mi derecho ciudadano  y en cumplimiento de mi obligación cívica de emitir mi voto. Voluntaria y concientemente he decidido ANULARLO. Lo anulo puesto que todas la ofertas que se presentan han faltado a sostenerse sobre valores éticos, porque han demostrado anteponer los intereses de grupo y –pero aún- los de los individuos que se postulan, al bienestar de quienes pretenden representar. Sus pobres resultados, sus constantes muestras de ineficiencia en el ejercicio de gobernar, aunados a los innumerables hechos de indignante corrupción me impiden elegir a alguna entre ellas.[2]

Como puede apreciarse en la cita anterior, en el 2009 el llamado a anular el voto se enmarca en el ejercicio de los derechos y obligaciones ciudadanas y en la idea del voto como un recurso expresivo para manifestar el descontento con la clase política y el rechazo a los partidos y sus candidatos. El cuestionamiento no toca a las instituciones, más aún,  las valida. Se invita a los ciudadanos a anular su voto y por consiguiente a participar en los comicios.

En el 2015 el llamado no se circunscribe al tema del voto nulo, sino que comprende también el boicot de los comicios. La vía electoral que en el 2009 era vista como un camino posible para el cambio político, se percibe cancelada por un sector organizado de la sociedad civil. No se trata simplemente de no asistir a las urnas, se busca que éstas no sean instaladas. El acento se coloca en la acción directa más que en la renuncia a un derecho o el incumplimiento de una obligación ciudadana. La consigna no es únicamente abstenerse de votar, o votar nulo, sino impedir que se lleven a cabo los comicios.

El llamado se amplía en términos de los actores que convocan al movimiento y éste se radicaliza. La propuesta surge de Ayotzinapa. De manera muy anticipada, seis meses antes de las elecciones, en una sesión celebrada el 22 de diciembre de 2014 en la normal rural de Isidro Burgos en Guerrero, la Asamblea Nacional Popular vota a favor del boicot electoral. A esta propuesta se suman la Coordinadora Estatal de Trabajadores de la Educación (CETEG) y el Movimiento Popular de Guerrero (PMG). Posteriormente se unen a estas organizaciones la sección 22 del SNTE en Oaxaca y la Coordinadora Nacional de la Educación con lo que el movimiento a favor del boicot electoral se expande a once estados de la república.[3]

El boicot se caracteriza por ser un recurso de presión colectiva que tiene la particularidad de operar en un ámbito –generalmente económico- para ejercer presión en otro –generalmente político. La racionalidad que subyace a esta medida de presión es que al adversario se le debe “pegar en dónde más le duela”. Con el boicot, el objetivo es de carácter racional más que expresivo. Se busca la eficacia, es decir, el logro de la meta propuesta y no tan sólo la manifestación de un desacuerdo con el status quo. El fin del boicot es obligar al adversario a modificar su postura con acciones que, en términos de racionalidad instrumental, cambien su evaluación costo/beneficio, a partir de una afectación directa de sus intereses que comúnmente se expresa en pérdidas materiales. Gandhi llamó a no comprar productos ingleses como parte de su lucha por la independencia de su país. El movimiento por los derechos civiles en Estados Unidos llamó a no usar la línea de autobuses en la que viajaba Rosa Parks cuando fue arrestada como una medida de presión en contra de la segregación racial. El boicot en contra de las empresas Shell, Coca Cola y Kellogs contribuyó a terminar con el apartheid en Sudáfrica. Recientemente, el contramovimiento al movimiento independentista en Catalunya hizo un llamado a no comprar productos catalanes bajo el eslogan de “Si desea la unidad de España, la política sobra. Basta con no comprar”.

En mi opinión, un sector de la población, aquel que ha tomado las instalaciones del INE, quemado las boletas electorales, retirado la propaganda electoral y que planea impedir la instalación de urnas y obstaculizar el paso de la gente hacia las casillas el día de las elecciones, no busca -como si lo hace el movimiento anulista- “sacudir a los políticos” o “mejorar el funcionamiento del sistema electoral”. El descontento que lo anima no es únicamente con el sistema electoral, los partidos y la clase política y por consiguiente, el cambio que propone no se circunscribe ni única ni principalmente a la esfera político-electoral.  El sentido de su acción está orientado hacia otro lugar y tiene miras mucho más amplias. De manera análoga a los boicots económicos con los que se busca incidir en el cambio político, quienes participan en el movimiento a favor de boicotear los comicios, están actuando en la esfera electoral con miras a incidir, como diría Alain Touraine,  en el control y la reapropiación de la orientación central de la sociedad. Es decir, lo que está en juego, no son ni la clase política, ni el sistema electoral, el enjeu es el orden sociopolítico mismo. Lo que muestra el movimiento es la contingencia de este orden y con ello socava todo intento de normalización –de la violencia, de la corrupción, de la falta de transparencia y de rendición de cuentas-  al tiempo que abre la posibilidad de construir un orden sociopolítico distinto.

“Si desea un país diferente, las elecciones sobran”, parecería ser el mensaje que los padres de los estudiantes desaparecidos/muertos en Ayotzinapa y las organizaciones que los acompañan desean transmitir. ¿Quién escuchará su mensaje?

 

Notas

 

[1] Se publican entrevistas a José Antonio Crespo investigador del CIDE, a Jorge Alcocer, director de la Revista Voz y Voto, a la politóloga Maria Amparo Casar y al ex presidente del IFE José Woldenberg, así como un artículo de Alejandro Moreno del Reforma y del Consejero Electoral del IFE Marco Antonio Baños. Véase también  la columna de Manuel Gómez Granados del 7 de junio de Crónica.

[2] Consulta realizada el viernes 6 de junio del 2009 a las 14:20 hrs.

[3] La CNTE acuerda en asamblea general un plan nacional para el boicot electoral que se realizaría en al menos 11 estados: Oaxaca, Guerrero, Puebla, Chiapas, Distrito Federal, Veracruz, Michoacán, Morelos, Jalisco, Tamaulipas, y Edo Mex.

Ligia Tavera Fenollosa

Doctora en Sociología por la Universidad de Yale. Es profesora-investigadora de la FLACSO-México. Ha impartido cursos en el Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora, en el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE) y en el Tecnológico de Monterrey, Campus Ciudad de México. Es tutora del Doctorado en Estudios Latinoamericanos de la UNAM. Ha dirigido más de 30 tesis de maestría y doctorado en diversas instituciones de educación superior. Ha sido directora de Perfiles Latinoamericanos. Participa regularmente en el programa “Política en Plural” de Radio Educación. Pertenece al Sistema Nacional de Investigadores, Nivel I.

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